jueves, enero 26, 2006

Diagnóstico

De naturaleza pesimista, dotado de olfato potente para descubrir el lugar exacto de las alcantarillas, carente de la relajación que permite desconocer las angustias y absolutamente desprovisto del sentido de la felicidad, no puedo más que concluir que las circunstancias que componen el fenómeno de la coyuntura histórica que atraviesa Colombia, nos garantizan 40 ó 50 años más de conflicto.

Son varios los elementos de índole estructural o idiosincrásica que en vez de generarme esperanzas por el futuro, lo complican y retuercen o, en el mejor de los casos, prolongan un estado de cosas. Estos elementos son:

La política de control al narcotráfico, en primer lugar. Es de todos conocido que la tendencia universal, de modo general, apunta a la restricción. Hasta el consumo de tabaco es en la actualidad objeto de persecución, de paulatinas y mayores limitaciones. Consecuentemente, más alejada de la legalización estará la legislación que atañe al consumo y distribución de las drogas que en nuestro medio son explotadas. Siendo un hecho evidente, deberíamos pensar en algo que pudiera resultar eficaz, que nos liberara del peso moral, económico y social que la explotación de dicho sector implica, es decir, idearnos una alternativa intermedia.

Otro de los elementos, que a algunos les parecerá algo pasado de moda, propio de la “izquierda infantil”, pero que desgraciadamente es real, es el de la tenencia de la tierra. Si esta queda distribuida tal como está ahora, ténganlo por seguro que podrá ser explotada, tendrá un cierto margen de rentabilidad, pero garantizará, entre otros males, que el campo no sea fuente de trabajo sino para unos pocos, sometidos a unas condiciones de inequidad iguales o mayores que las actuales, y que obligarán a las ciudades a seguir abarrotándose de cinturones de miseria en un grado aun mayor del que están ahora.

El tercer gran mal estructural del que estamos siendo testigos impávidos, es el del desprestigio al que se somete la justicia. No al aparato judicial. No al compendio de normas contenida en los códigos y cartas magnas. No solo a ellas, las leyes. Digo al subconsciente colectivo que hoy más que nunca, siendo el nuestro un pueblo que por idiosincrasia ha actuado como si tal, creerá que el mal paga. Que el bandido siempre sale ganando. Que los avivatos coronan. Que el vivo vive del bobo y todas las infinitas variantes que entre nosotros expresan ese modo de pensar y, lo que es más triste, de actuar.

¿Estoy equivocado? Dígame alguien, ¿se puede esperar otro devenir? ¿Tengo de qué alegrarme?

1 Comentarios:

Anonymous Anónimo dice...

Hola mi apreciado Pitalua.
Tu pesimismo no es gratuito, yo diria que es realismo.
Y eso que no has mencionado la coyuntura politica internacional. La finca se les fue de las manos sin darse cuenta! La unica carta que les queda en America Latina se llama Colombia (es rica, esta en guerra y esta en una posicion estrategica excelente!) No nos dejaran, se aferraran sin consideraciones...
Con respecto a la tenencia de la tierra, muchos economistas (no izquierdistas, al contrario, defensores de la economia de mercado) consideran que es necesaria la reforma agraria para generar el ahorro o la acumulacion de capital necesaria para la industrializacion . Mira el caso de los tres tigres del Asia y la China misma. America Latina tiene que pasar por este proceso. Y no lo veo muy claro en las politicas propuestas por la izquierda...

Un abrazo
Mayito

febrero 08, 2006 7:47 AM  

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