lunes, febrero 27, 2006

El problema de la droga. III

Estado actual de las cosas

Corría el año 94 del siglo pasado cuando algún medio periodístico informó de la existencia de unos casetes de audio con unas grabaciones donde unos personajes hablaban de la entrega de un dinero a la campaña presidencial que había resultado ganadora en las anteriores elecciones, la del Dr. Ernesto Samper Pizano, quien se enfrentó al Dr. Andrés Pastrana Arango, hijo del ex-presidente Misael Pastrana Borrero. Los llamados narco-casetes fueron el comienzo del decisivo proceso 8000, litigio que alcanzó a la máxima autoridad nacional, el presidente investido, al comprobarse que las voces correspondían a la del periodista Alberto Giraldo y a las de los capos del Cartel de Cali, los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela.

Adornado de una inmensidad de detalles más apropiados de la novela negra o de las sagas de Mario Puzo, el acontecimiento dejó a los más altos funcionarios del estado, el presidente y sus ministros más cercanos, el de Defensa, Fernando Botero Zea, hijo del conocido pintor; el de Interior, político en ejercicio y actual precandidato a la presidencia, Horacio Serpa Uribe; Santiago Medina, tesorero de la campaña; Manuel Francisco Becerra B. y su sucesor, David Turbay Turbay, Contralores Nacionales de la República de Colombia; oscuros personajes como Elizabeth Montoya de Sarria, “la Monita Retrechera”; una vasta proporción de los miembros del Congreso de la República y otras muchas personas influyentes de la época, fueron puestos en evidencia al salir a flote sus vínculos con el susodicho cartel, cuando se demostró que recibieron “dineros calientes”. Era la parte visible de una sociedad que desde sus cuadros superiores, hasta el ciudadano corriente, queriéndolo o no, vivía bajo esa influencia.

La justicia fue burlada. Pese a las evidencias, sólo fueron castigados unos cuantos de entre ellos. Los más notables fueron exonerados mediante triquiñuelas y subterfugios en un largo pleito que desgastó la estructura económica y la paciencia de la ciudadanía, que fue obligada a mirarse en un espejo y verse llena de oprobios, víctima de su propio invento, ruin y arruinada, vergonzosa y vergonzante, de repente convertida en paria, como quien se levanta foto-fóbico, amnésico, tembleque, la garganta hinchada y reseca, con la cabeza a punto de explotar, en medio de una resaca monumental de mezcla de menjurjes blancos y amarillos ingeridos en malas compañías, así se sintió el país.

La economía se hundió. Se presentaron crisis profundas en amplios campos de la producción, sobre todo en los más penetrados por los capitales ilícitos, salvo el sector financiero, que a pesar de tener gran parte de la responsabilidad, estaba sobre seguro con sus tradicionales márgenes de utilidad y blindado con la garantía de que los más altos intereses a escala global, no lo dejarían sucumbir. La banca se comprometió a mayores controles imponiendo algunos requisitos extras a partir de ciertos topes mínimos en sus movimientos. Nada más. Hubo éxodo de capitales. Luego, se incrementó la diáspora de nacionales que se diseminó por el mundo, llevando sus virtudes y defectos por los cinco continentes.

Pero el tráfico de drogas siguió. ¿A dónde se va la plata del narcotráfico? -me preguntaba un amigo avezado. No sabía qué responderle. Ahora ya sé. Se iba para la guerra. Sofisticados sistemas de comunicación; metros y metros de tela de camuflados; botas nuevas; banderas, banderines y banderolas tricolores; escudos; accesorios de cuero; boinas, cachuchas y gorros de diferentes modelos y diseños; armas, muchas armas con sus respectivas municiones, las más modernas y letales del mercado, las producidas por industrias florecientes del primer mundo, palitos chinos, fusiles, rockets, bazookas, tanto, que alcanzó hasta para desarrollar el talento propio: los fatales cilindros, prueba ruidosa y dañina del ingenio nacional. En eso se iban (y todavía, en gran parte, se van) los beneficios de la producción y el comercio de la coca. Y en la nómina de algo más de 40.000 empleos directos. También en ahorros protegidos por el sigilo bancario internacional.

Acabado el período de Samper que se concentró en no dejarse “sacar a sombrerazos” (“Aquí estoy y aquí me quedo…”), vivimos el cuatrienio de Pastrana, elegido en parte por la conciencia moral, por el sentimiento colectivo de culpa o por el físico rechazo a la opción que representaba Serpa. Fueron años que bascularon entre la fe de una solución posible a la guerra contra las FARC y la desilusión y la afrenta de verse por ellos burlados, engañados cual ingenuos infantes. El país se enteró de la existencia de una máquina de destrucción inclemente, de su ingente poderío, de una sólida estructura piramidal conformada por unos tipos caracterizados por el resentimiento y el cinismo. Supimos de sus pronunciadas barrigas y de sus amantes jovencitas, de su más absoluta carencia de piedad y clemencia, de su soberbia enorme y de la más grande desfachatez posible.

Final contra-reloj, avance significativo en el esquivo proceso de paz versus final del período. Perdedor: Colombia. El país se sintió ultrajado, herido en su amor propio por la mofa. Entonces nos volcamos hacia aquel que nos ofreció venganza. Mano dura. Nos representaba en nuestra ira. Como espuma subió Álvaro Uribe en las encuestas. Arrasó en primera vuelta. Dejamos en manos de un energúmeno el ajuste de cuentas. Ingenuos otra vez. Uribe llegó mal intencionado y peor rodeado. Ganamos un cruel gamonal para la gigante hacienda Colombia. De temible actitud mesiánica e ira que transfigura. Astuto. A sus enemigos los aunó a sus huestes, resultó implacable con los díscolos. Impuso gruesas ventajas para sus allegados a cambio de espejismos. Verdaderamente mañoso. Va a conseguir doblar período. Expidió patente de corso al paramilitarismo, la otra fuerza irregular. Si la guerrilla es un cáncer de lenta metástasis que no se cura pero tampoco mata, el fenómeno paramilitar es una rápida gangrena que ataca ambas extremidades.

Matones ensoberbecidos con las manos manchadas de sangre de miles de muertos. Ignorantes por completo del significado del escrúpulo. Parecen no tener conciencia, ni ética ni moral. Asesinos sin atenuantes posibles. Auténticos criminales de guerra sin justificación alguna. Más que delincuentes. Peores. Último eslabón en la cadena humana de la estulticia. Tanto o más que los del otro bando. Los discursos que intentan vanamente justificarlos, se vuelven contra quien los emite. Terribles ellos, sus turiferarios y sus instigadores.

Envueltos en esa situación nos encontramos. Fuerzas beligerantes poderosas. Una industria ilegal de altísima rentabilidad y enorme poder de corrupción. El interés público supeditado al interés grupal. Instituciones válidas exclusivamente en teoría. Una idiosincrasia cada vez más aferrada que considera legítimo cualquier método, hasta el más extremo, si contribuye a la supervivencia o favorece nuestros intereses. Males estructurales que nos definen como una nación sumida en el más craso subdesarrollo. Y, como si fuera poco, hechos que nos condenan a permanecer en él.

Lo demás son números. Millones de desplazados. Agudización de la brecha entre ricos y pobres. Acaparamiento de los medios de producción. Bajos (e imprecisos) índices de cobertura de servicios esenciales. En fin, no soy optimista. No tengo por qué ser optimista.

10 Comentarios:

Blogger Edgar Garcés dice...

y lo que falta hermano mio y lo que falta...a este pais se lo llevo el putas, no way.

marzo 14, 2006 2:48 PM  
Blogger El Aristotelico Caballero dice...

es bueno ver como no esoty loco y efectivamente hay gente q piensa q este país sigue en lo mismo.

Lo espero en mi blog x'a q me escriba algo entendible pq lo q me dejó no se entiende...

marzo 21, 2006 10:28 PM  
Blogger Lety dice...

Ay Dios este asunto de el consumo, el narcotráfico y las autoridades implicadas en él, es una lacra de la sociedad actual, sin distinción de fronteras.
Es importante no darle la espalda, pero confieso mi tendencia a hacerlo.
Hoy me has hecho leer. Saludos desde Oaxaca

abril 08, 2006 4:44 PM  
Blogger cd dice...

Hola, sí este país esta todo vuelto una ecetera, pero hay que tener buena disposición para cambiar las cosas. Muchos Saludos, por acá conociendo este espacio, muy interesante.

abril 10, 2006 9:29 AM  
Blogger Cerebro dice...

Que claridad para exponer las cosas... Esperamos más entregas, su análisis es pertinente y sintético.

mayo 19, 2006 5:37 PM  
Blogger Marta Salazar dice...

Hola Adán-Sancho, gracias por tu mensaje en tu blog, no tienes por qué pedir perdón, soy yo quien debe agradecer que te tomes la molestia de escribirme. Soy de Chile (en adelante cl) y vivo en Alemania (en adelante,de).

Un saludo y te invito a escribir más en tu blog.

agosto 26, 2006 4:48 AM  
Blogger Marta Salazar dice...

quise decir "gracias por tu mensaje en mi blog", sorry.

agosto 26, 2006 4:50 AM  
Blogger Sudaka Colombo - Español dice...

Te sobraste en esta última entrega, sí señor. Por un momento llegue a pensar que darías el típico discursito en donde se culpa de todos los males a la guerrilla. Pero veo que has sido objetivo.

Definitivamente en muchos Colombianos esta muy arraigada la mentalidad de aplaudir a los "Torcidos". En un comentario a mi penúltimo post prácticamente me dijeron "No sea sapo, no se meta". Por condenar el comportamiento delincuencial de muchos Colombianos en España.

Un saludo.

agosto 26, 2006 8:30 AM  
Blogger Marta Salazar dice...

ah! Sudaka también es amigo tuyo!

Un saludo grande querido Adán! y gracias por tu último mensaje en mi blog!

agosto 26, 2006 2:36 PM  
Blogger Colombianos en Londres dice...

Magnifico resumen de los últimos 10 años. Habiendonos pasado toda la vida viendo a los políticos llenarse de plata a punto de robarse el dinero del pueblo o traqueteando, ha hecho que el resto de los colombianos siguiendo su ejemplo hayamos desarrollado esa mentalidad: Estar esperando "coronar" un negocito... que nos salga un"torcido" para que nos saque de "esta pobreza tan hijueputa"...mientra yo esté bien aunque se joda el resto ( sino,mira a nuestro vicepresidente que ahora no quiere negociar para que liberen a los secuestrados, claro, como el ya no está secuestrado)...
Y todo con la ley del mínimo esfuerzo eso sí...que berraco es ser colombiano

Gran blog,

un saludo desde londres

agosto 30, 2006 11:20 AM  

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